EN ORACIÓN

¡Mi alma anhela ardientemente estar, SEÑOR, en tus atrios! Salmo 84:2
En Oración tenemos el amor interior de Jesucristo habitando en nuestra alma, llenando nuestro corazón con un sentido profundo de bienestar espiritual. Así somos felices en Jesucristo, nuestro Dios y Señor. La fragancia suave de Cristo, llena la esposa(la iglesia, cada creyente) con bellos aromas de Su Presencia. De verdad, la Oración cambia aun nuestro aliento y lo hace dulce, porque inhalamos y exhalamos a Dios y a su Santo Espíritu....
En Oración es cuando recibimos los favores del SEÑOR, cuando nos sentimos como elevados fuera de nosotros mismos, fuera de este mundo, y trasladados al reino de luz y de paz, que es como un jardín de especias raras y aromáticas. Allí nos perdemos en la belleza que está alrededor de nosotros. Es como si hubiese flores fragantes, frutos dulces, y todo estuviera encantado, porque estamos con el SEÑOR. "Y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas" Cantares 7:13 13.
En Oración nos llenamos de su fragancia divina que es la dulzura de la contemplación, de la oración de quietud, y de la oración de unión con Cristo, que nos alumbra con su brillo y fulgor. Por eso, David dijo: "Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésa buscaré: Que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en Su templo", Salmo 27:4. El Amado Divino va a este lugar de encuentro con su amada, nuestra alma, y permanece con nosotros no sólo durante todo el tiempo sagrado dedicado a la oración, y la meditación de las Escrituras, sino que aún después.
En Oración nos apartamos del mundo para el encuentro Divino con el amor de nuestra alma, Cristo. Cuanto más lejos del mundo con sus distracciones y placeres podemos ir, tanto más dulce y fragante será nuestra contemplación de la luz divina que tanto nos alumbra e ilumina. Solo así podemos llegar a este estado feliz donde la Oración y la contemplación es el alimento regular del alma purificada. Cuando permitimos que el SEÑOR crezca dentro de nosotros y se establezca como el único dueño de nuestro corazón, alejando todo ego, toda idolatría por las criaturas y todo deseo falso y desordenado para placer en este mundo. La meta de este proceso es que todo aspecto de nuestra humanidad sea convertido por Cristo habitando en nuestro corazón.
De tal manera, que los que han renunciado a los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida que provienen del mundo, 1 Juan 2:16, y se han purificado de todo esto, para buscar al SEÑOR, son los que experimentan una dulzura, una alegría y una paz interior que sobrepasa todo conocimiento. Poco puede perturbarlos por mucho tiempo. La mayor parte del tiempo su corazón está lleno de luz y gozo espiritual, porque Cristo habita en sus corazones, dándoles una esperanza vivificadora, llenándolos de Su presencia y deseos de unirse aún más con ÉL, de estar más purificados y preparados para recibirlo cuando aparezca en toda Su grandeza y esplendor.
¡Qué pocos son los que siguen este camino!, y por eso, ¡qué pocos son los que llegan a este punto de purificación, limpios de corazón y librados de la esclavitud de las pasiones! ¡Qué pocos, entonces, son los que llegan al punto de tener y hacer de este tipo de Oración y contemplación como su alimento regular! La decisión es nuestra. Todo hombre es llamado a esta vida de Oración, a esta vida de amor, a esta vida de esplendor, en que arma su tienda, edifica su altar interior en las cimas de la luz y permanece allí, en el resplandor del SEÑOR. Hay un sólo un camino que nos dirigirá allí, y este es el camino de la vida, que pocos hallan, porque es angosto y estrecho, Mateo 7:13-14. ¡Oh, pero qué dulce es este camino, el cual sólo conocen los que han andado por él y lo han experimentado! Steven Scherrer
Por toda esta belleza y poder que se experimenta en Oración, por lo maravilloso que es habitar en la Presencia de Dios, pidamos al SEÑOR en cuanto a lo que se refiere a la Oración: " Ensancha el lugar de mi Tienda(del mi altar, del tabernáculo interior de mi corazón en oración), Extiende las cortinas de sus habitaciones, no seas escasa; Alarga sus cuerdas. Y refuerza sus estacas. Porque SEÑOR, tú extenderás el fuego del altar hacia la derecha y hacia la izquierda, y harás con el poder de Tu Santo Espíritu, que cada corazón en la Naciones sea un altar de oración para ti; Isaías 54:2-3. AMEN.